¡Ay! Como nos tiran los postres. Y si además parecen adornaditos, nos agradan mucho más. Esta es una receta clásica del repertorio con que me manejo. Es especial porque no lo hago todos los días y suele ser para ocasiones señaladas.
Me gusta porque tiene un alto contenido en zanahoria. El tubérculo se mezcla con la masa, y aunque las recetas integrales son menos jugosas que las refinadas, aquí encontramos una textura muy sabrosa y apetecible.
Ingredientes: 350 gramos de harina integral de espelta, 350 gramos de zanahoria muy picada/triturada, un huevo, un vaso de aceite de oliva, levadura madre, el zumo de un limón, la ralladura de un limón, 13 cucharadas de sirope de agave y 20 centilitros de lágrimas de alegría.
Ponemos el horno a calentar a 200 grados (fuerte). En un bol batimos el huevo con el sirope. Añadimos la levadura y el aceite, zumo de limón y su ralladura, y por último la harina. Conseguimos una mezcla uniforme. Agregamos a esa masa la zanahoria que habremos triturado previamente. La hortaliza tiene que quedar como en la primera foto. Lo batimos hasta que todo se encuentre repartido de manera homogénea. Preparamos un recipiente para introducirlo al horno. Si es metálico, con una servilleta de papel untada en aceite, pasaremos todos sus bordes y luego lo espolvoreamos con harina, así no se pega. Después echamos la masa del bizcocho , y lo ponemos 50 minutos en el horno. Para comprobar si está hecho, pinchamos un palillo a la tarta, si sale limpio, ya está cocido del todo.
Observaciones: En la foto está decorado con una crema de algarroba y avellanas. Le da un toque perfecto. También le podríamos poner merengue o mermelada sin azúcar. Si no tenemos sirope de agave, se puede endulzar con sirope de savia, estevia o fructosa. Se pone la cantidad al gusto. Si preferís harina integral de trigo, también podéis.

No hay comentarios:
Publicar un comentario